
Su nombre viene del gran árbol de sauce que vive en nuestro jardín y que durante años fue símbolo de abrigo, sombra y calma para nuestra familia. Sus ramas largas y su movimiento con el viento siempre nos transmitieron esa sensación de refugio que hoy también queremos compartir con quienes nos visitan.
Esta casa fue nuestro hogar familiar durante muchos años. Un lugar profundamente vivido, lleno de recuerdos, donde aprendimos el valor de la hospitalidad. En nuestra historia siempre hubo espacio para recibir a otros: nuestros abuelos solían alojar viajeros ocasionales y en la mesa siempre había lugar para uno más.
Con esa misma inspiración nació la idea de Sauce. En 2017 comenzamos a imaginar la posibilidad de transformar nuestra casa en un lugar abierto a viajeros, y en 2019 finalmente logramos hacerlo realidad. Fue un proceso familiar que nos llevó a reinventarnos y a convertir este hogar en un espacio compartido, sin perder su esencia.
La casa mantiene gran parte de su espíritu original: mucha luz natural, madera, rincones con historia y un jardín lleno de verde donde el sauce sigue siendo protagonista. Cada detalle fue pensado para conservar esa sensación de casa que siempre tuvo.
Hoy Sauce es un lugar tranquilo, pensado para el descanso y la convivencia respetuosa. Un espacio donde buscamos que quienes llegan se sientan bienvenidos, encuentren calma y puedan disfrutar de una experiencia simple y auténtica.
Porque para nosotros, el verdadero éxito es que esta casa siga siendo un hogar, también para quienes pasan por ella.
Este no es solo nuestro espacio
Te invitamos a dejar de ser un visitante y convertirte, por unos días, en parte de la esencia de Sauce. A cambiar un itinerario por una conversación, y una habitación por un hogar.












